EL PROBLEMA DE LA CONTAMINACION EN LA CIUDAD DE MEXICO Y LA NECESIDAD DE INSTALAR UN SISTEMA DE ACONDICIONAMIENTO DE AIRE EN EL SISTEMA DE TRANSPORTE COLECTIVO METRO

El problema de la contaminación en la ciudad de México ha sido desatendido porque la gran mayoría de nosotros ya nos hemos acostumbrado a ella, la hemos tolerado y hemos menospreciado su gravedad. Desde hace muchos años, se rebasan frecuentemente los estándares de contaminación recomendados por los organismos internacionales de salud. Los que visitan nuestra ciudad se escandalizan ante la contaminación que existe, y que parece que aquí nadie percibe. La imagen que ofrece la atmósfera de nuestra ciudad a los que llegan por vía aérea es contundente. Quienes han tenido oportunidad de viajar a otras ciudades por avión pueden dar testimonio de que esta nata oscura que se ve al llegar a la Ciudad de México no existe en otras ciudades del mundo. Cualquier extranjero o visitante de provincia puede notar afectaciones inmediatas en su salud: irritación de garganta y ojos, mareos y dolores de cabeza, con tan sólo exponerse al aire libre de nuestra ciudad durante unos días, o simplemente después de una caminata por el centro. Gran parte de nuestra opinión pública desconoce la crítica que se ventila fuera de nuestro país, porque a muy pocos importa, porque ya nos acostumbramos a ella. Aunque está por verse eso de nuestra capacidad de adaptarnos ¿Aceptaríamos considerar que nuestros hijos deben soportar esta contaminación y adaptarse hasta que la puedan resistir, negando la posibilidad de que en su vida adulta puedan padecer sus más graves efectos?

Los ciudadanos usuarios del transporte colectivo que nos transportamos sin contaminar esta ciudad no nos merecemos eso. Por lo pronto podemos afirmar que algunos de los efectos de la exposición actual de una gran parte de la ciudadanía a la enorme contaminación de nuestra ciudad, son el agotamiento físico y mental. La altura de nuestra ciudad por sí sola es un importante límite para nuestro desempeño, como también lo es nuestra dislocada cultura nutricional. La dieta rica en carbohidratos que era necesaria para la intensidad del trabajo físico propio de las zonas rurales, ha sido imitada en las zonas urbanas, generando crecientes tendencias al sobrepeso. Las frecuentes afectaciones gastrointestinales producto de las precarias condiciones de salud existentes en los alimentos disponibles en la vía pública es otro factor negativo. Pero si a esto le añadimos la aguda contaminación tenemos una suma de problemas verdaderamente grave y compleja. Nosotros usuarios del metro, nuestros hijos y hermanos, parientes o amigos que han viajado desde temprana edad en metro, los que siguen viajando y los que viajarán por muchos años más en metro para ir a sus escuelas y luego a su trabajo llevamos la peor parte, porque la cantidad de coches sigue en aumento, al igual que el congestionamiento de tráfico y las inversiones térmicas; y no parece haber medidas eficaces para su disminución. Por estas razones es que por lo menos en el sistema de transporte colectivo urbano Metro se debe de purificar y acondicionar el aire. En los edificios públicos ya está prohibido fumar, porque afecta el ambiente de los no fumadores, al igual que recientemente si hizo en los restaurantes. En el metro igualmente debería estar regulado el aire, para que la contaminación sea eliminada, primeramente, porque los usuarios del metro no contaminamos con vehículos particulares, y dicho sea de paso, que si este sistema puede al mismo tiempo proveer de un clima regulado que hiciera más cómodo el viaje en metro, este implemento sería el mejor reconocimiento a la condición ecológica de los ciudadanos usuarios del metro, y sin duda también sería un gran estímulo para que más ciudadanos opten por el uso del transporte colectivo y contribuya esto a desminuir la contaminación y el exceso de tráfico vehicular.

Una gran cantidad de ciudadanos nos han expresado su opinión de que el mejoramiento de la comodidad de los usuarios debería considerarse una razón suficiente para que sea instalado un sistema de purificación y acondicionamiento de aire en la red subterránea del metro. En realidad este sólo argumento debería ser suficiente. Con todo lo antes mencionado confirmamos la necesidad de que se invierta mucho más en infraestructura para el transporte colectivo. Ciertamente atender una mayor demanda de usuarios requerirá mejorar su funcionalidad, y en suma un mayor esfuerzo en inversión y mejoramiento de la red metro. En este contexto consideramos que se debe brindar especial atención a esta petición de un sistema de purificación y acondicionamiento de aire para la red subterránea del metro. Ante la variedad y complejidad de los problemas cotidianos, prestar atención a resolver aquellos de “largo plazo” supone realizar esfuerzos cuyos resultados no se perciben en lo inmediato. En el contexto de los problemas más evidentes y de los limitados recursos de que dispone nuestro gobierno, resulta más conveniente para los políticos y los partidos, atender a los problemas que puedan generar votos para las siguientes elecciones; esto afecta de manera muy importante a la atención que se les brinda a los problemas de largo plazo como el de la contaminación. Es decir, pareciera que para que la contaminación fuera atendida seriamente, se requiriera que comenzaran a caer muertas las personas en la vía pública, hasta que alguien reconocido dictaminara que ha sido producto de la contaminación, y que para su solución existieran medidas que pudieran ser aprovechadas para ganar votos en las siguientes elecciones. Pero es muy grave perder de vista el problema de la contaminación ante los problemas de corto alcance; mas por el contrario, ante la dificultad de generar conciencia sobre el mismo, nuestro gobierno y nuestras instituciones están llamadas a promover su estudio y discusión; en síntesis debe brindársele más atención y promover este debate entre la ciudadanía. Hoy en México, uno de los problemas culturales fundamentales radica precisamente en la incapacidad para planear con visión de largo plazo. El agobio de nuestros problemas actuales nos impide ver más allá del corto plazo. Por eso es que con más razón, los que estudiamos los problemas de largo plazo debemos alzar la voz llamando la atención sobre los mismos. Esta incapacidad de planear a largo plazo aqueja igualmente a las autoridades y a la población como producto de un mismo círculo vicioso. El desconocimiento de ciertos problemas por parte de un importante número de ciudadanos impide exigir o incluso aceptar programas públicos orientados hacia el largo plazo. Esta situación ocasiona que las autoridades se limiten a atender sólo demandas que representan necesidades inmediatas, olvidándose de promover la planeación de largo plazo que es fundamental para toda sociedad. También percibimos un ambiente de incertidumbre sobre la estabilidad política, económica y social, que ha ocasionado que la visión de largo plazo no tenga cabida en los programas de gobierno o en las propuestas de los partidos. Desde otra perspectiva podemos decir que nuestros gobiernos han ignorado la necesidad de promover conciencia cívica y educación sobre la problemática de largo plazo y de promover el debate en torno a las posibles soluciones; por supuesto también particularmente en lo que al problema de la contaminación se refiere. En todo esto ha sido un factor muy importante el desprestigio de los gobiernos ocasionado por la corrupción y por la que muchos ciudadanos desconfían aún de muchas propuestas políticas, sobre todo de aquellas de supuesto “largo plazo”. Existe una crisis de credibilidad en nuestras instituciones que se manifiesta en perjuicio de toda nuestra vida social. Por esta razón los que emprendimos esta iniciativa sobre la promoción de un sistema de purificación y acondicionamiento de aire dentro de la red subterránea del Metro hemos decidido mantenernos hasta ahora ajenos a la acción de los medios masivos de comunicación y al margen del apoyo de cualquier partido o instituto político. Nuestra propuesta ha sido difundida principalmente entre los usuarios del metro, y de ellos mismos esta iniciativa se ha nutrido y sustentado. Los que emprendimos esta labor estamos convencidos de que la participación ciudadana puede hacer la diferencia crucial en el proceso de mejoramiento de nuestra sociedad; consideramos que el estado democrático que vamos consolidando en México requiere que todos los ciudadanos se involucren. Una parte muy importante de esta problemática se refleja en la contaminación de la ciudad de México, hogar de casi una quinta parte de los mexicanos. En este caso, específicamente llamamos a la reflexión sobre el problema de la concentración de la contaminación que se da en las estaciones subterráneas del metro. Sería en verdad muy grave y costaría el bienestar y la salud de muchísimas personas seguir ignorando este problema, y por ello hoy planteamos a la ciudadanía y a las autoridades la necesidad urgente de encontrar una solución, en lugar de dejar los problemas para que se resuelvan en el futuro, quizás cuando ya no exista nadie a quien culpar o cuando determinar responsabilidades sea muy difícil.

El Metro de la ciudad de México fue construido bajo la previsión de un clima benigno y privilegiado, como lo es el clima de este valle. Así pues se planteó un sistema de ventilación que aprovechara el flujo de los trenes dentro de los túneles subterráneos para crear una ventilación basándose en la succión e impulsión del aire a través de fosas y ductos conectados con la superficie (reconocido como “efecto pistón” en la documentación de respuesta a nuestra solicitud de información por parte de la Dirección del Sistema Metro). Este sistema evita la necesidad de recurrir a costosos aparatos de acondicionamiento artificial, y en nuestra ciudad fue posible de este modo sobre todo gracias a las bondades del aire en esta región, en cuanto a temperatura, humedad y en general de su composición química. En el siglo pasado personajes como el historiador Humboldt y el embajador Poinsett se refirieron a la región de la ciudad de México como “la región más transparente”, precisamente por esa cualidad tan benigna del aire, que paradójicamente, a poco mas de cien años es todo lo contrario. En otras ciudades del mundo como Tokio, Moscú, Río de Janeiro; en países como Francia, EE.UU. o Canadá y en general en todas las regiones nórdicas o en los núcleos urbanos en donde el clima no es tan benévolo, contar con equipo de aire acondicionado que ajuste el clima de sus metros a los requerimientos mínimos de salud y habitabilidad es y ha sido simplemente indispensable. En las estaciones subterráneas del metro del DF., no se ha presentado esta necesidad porque las diferencias climáticas parecen no incomodar a los usuarios, o al menos jamás se había presentado un reclamo colectivo; pareciera que el clima natural genera automáticamente una temperatura aceptable en la red subterránea del metro, lo cual no es del todo cierto, aunque sí es verdad que los usuarios jamás habían presentado ningún reclamo por esta razón. Mas sin embargo este sistema natural de ventilación no genera por sí solo las condiciones necesarias para la preservación de la salud. En las últimas décadas el fenómeno de la contaminación en el valle de México ha generado cambios importantes en la composición química del aire que hacen urgente la implementación de métodos eficientes de acondicionamiento y purificación de aire en las estaciones subterráneas del metro. Estos recintos, por efecto del comportamiento de los gases emitidos por la combustión, así como por los cambios de temperatura en las distintas épocas del año, se convierten en un foco de concentración de contaminantes generados en la superficie y de estancamiento de aire viciado con bajos niveles de oxígeno y altos niveles de dióxido de carbono (considérese aparte, la concentración de personas regularmente agitadas por el ritmo de vida cotidiano o por el ajetreo de subir o bajar escaleras). A nivel subterráneo se genera una repetición del fenómeno de inversión térmica, (ocurrido continuamente en la superficie), pero generado por el calentamiento del aire en el interior de la red. Este fenómeno se agrava con la presencia de aire frío en la superficie en la temporada de otoño e invierno y provoca que los principales elementos contaminantes de la combustión, como las partículas de plomo o el simple polvo, caigan al suelo precipitadas por efecto de la gravedad y el enfriamiento, y que caigan aún más abajo, hacia los canales subterráneos del metro, succionados por el sistema de ventilación que existe hoy en la red. Los gases emitidos por los vehículos, en el instante en que son expulsados, no obstante ser gases pesados, se encuentran calientes, por lo que suben por encima del aire frío, pero al perder temperatura descienden a los niveles inferiores de la atmósfera, estancándose en la proximidad del suelo, siendo una parte muy importante succionada por las tomas de ventilación del metro e introduciéndose a la red subterránea donde a su vez se mezclan con el aire tibio de su interior y comienza a fluir por toda la red, impulsado y succionado por el movimiento de los trenes. De manera que es fácil percibir que al interior de la red subterránea existen las condiciones siguientes: 1.-Alta concentración de elementos contaminantes emitidos en la superficie como el plomo y los óxidos de carbono. 2.- Bajo nivel de oxígeno debido al consumo humano concentrado en espacios cerrados e incrementado por la agitación física. 3.- Alto nivel de dióxido de carbono exhalado por las personas. 4.- Temperatura superior a la de la superficie, que en tiempos de frío se percibe como aceptable pero que en tiempo de verano llega a ser sofocante. 5.- Corrientes regulares de aire sucio, provenientes del movimiento de los trenes, que ante el calor del entorno parece una especie de ventilación refrescante. Una gran parte de la población hace uso diario de los servicios del metro, permaneciendo en los subterráneos más de una hora, día con día. Esta exposición a un ambiente tan contaminado, de forma rutinaria, con el paso de los años puede generar un deterioro en la salud que puede llegar a ser muy grave e irreversible. Por otra parte, la exposición a una atmósfera “enrarecida” como la que aquí se explica, genera un deterioro inmediato en la condición física, ocasionando fatiga, somnolencia, mareos y dolores de cabeza. Basta una exposición de 60 minutos diarios a respirar el aire de algunas estaciones subterráneas como las de las líneas “9”, “7” ó “2” para corroborarlo. Lamentablemente la repercusión de esos daños se manifiesta mayormente en el largo plazo, aunque gran número de personas padecen los estragos diarios que esta exposición rutinaria genera. Si la contaminación actual del Valle de México, en términos generales produce daños a la salud, los usuarios del metro padecen las peores consecuencias de esta mala calidad del aire, ya que por su sistema de ventilación, el aire más dañino y contaminado de la ciudad se estanca en los espacios subterráneos del metro. Esta situación es menos perceptible para algunos ciudadanos que se han acostumbrado a estas condiciones de transporte y sus consecuencias en el rendimiento físico pasan desapercibidas, y si es que son notorias se le atribuyen a otra causa. Pero esta situación es mucho más evidente para aquellos usuarios que recientemente han comenzado a usar el sistema metro y para los visitantes que llegan de otros lugares de nuestro país o del extranjero. Si consideramos a nuestra sociedad merecedora de mejores condiciones de salud y si queremos hacer de nuestra ciudad, una ciudad de verdadera prosperidad, creo que tendremos que hacer de inmediato algo con la calidad del aire que se respira, por sobre todo en los espacios subterráneos del metro, en donde, por tratarse de espacios cerrados, con mayor facilidad se puede hacer algo para depurar el aire de su interior, a diferencia del aire contaminado del exterior que requiere de medidas más complejas de combate a la contaminación que tampoco deben ser ignoradas. Lo más grave de todo esto es que los usuarios del metro en su mayoría somos menos “responsables” o “causantes” del fenómeno de la contaminación, pues al usar el transporte compartido no contaminamos con un vehículo particular. Aunado a lo anterior, como resultado de nuestra primera encuesta en torno a esta problemática observamos que una gran parte de la población no sabe que es, cómo funciona o cuánto cuesta un equipo de aire acondicionado, desconoce también que esto existe en ciudades de otros países y tampoco tiene idea sobre cuán necesario es para nuestra ciudad, aunque está convencido de que es responsabilidad del Estado tomar las medidas necesarias para la salud pública.

Indudablemente la contaminación genera padecimientos y afecciones en la salud. La contaminación del valle de México representa todavía mayores niveles de contaminación y bajos niveles de oxígeno en las estaciones subterráneas del metro; lo que significa un grave daño para la salud de millones en el largo plazo y un deterioro constante de el rendimiento físico de todos los usuarios. Muchas personas nos encontramos sometidas a tales afecciones, mientras los ciudadanos de a “coche” evitan esta afección a través del uso de aires acondicionados o purificadores de aire, tanto en los automóbiles como en las oficinas. Para este grupo social las afecciones por la contaminación no son plenamente experimentadas y son hasta cierto grado ignoradas, ya que este grupo se expone lo mínimo a este daño. Es en las grandes masas de ciudadanos usuarios del transporte colectivo donde esta afectación se agudiza. Millones de distritenses no tienen coche y hacen uso del transporte público, realizan gran parte de sus actividades a la intemperie y se encuentran gravemente expuestos a este ambiente enrarecido y contaminado. Muchos otros, teniéndolo anhelamos contar con mejores sistemas de transporte colectivo para usarlo menos y disminuír la contaminación y el tráfico de esta ciudad. La contaminación ambiental redunda en un perjuicio múltiple de la salud, disminuyendo la energía diaria de las personas, afectando la capacidad intelectual de los estudiantes, las fuerzas laborales de los trabajadores y en general creando un desequilibrio corporal que genera una afectación del rendimiento físico e intelectual, por tanto de la productividad. Así de forma mínima, o muy evidente en algunos casos, la contaminación se traduce en un perjuicio para la salud de miles de trabajadores, por consecuencia en su bajo nivel de rendimiento y productividad. De esta forma la contaminación se relaciona también con el desarrollo económico, y con el ámbito de las relaciones sociales de las miles de personas afectadas. El estrés, la fatiga, la ausencia de un trabajo productivo y por tanto bien remunerado, hace al individuo propenso a la irritabilidad y a las conductas antisociales. Así pues la contaminación también se traduce en última instancia en una afectación en los niveles generales de calidad de vida y en un factor de tensión social. La contaminación se encuentra en el aire, en el ruido y aún en campo de lo visual, como la suciedad y la propaganda que inunda a esta ciudad. Bajo la perspectiva de que esto representa un grave problema de salud pública el gobierno tiene la obligación de atacar el problema de la contaminación con medidas de corto y largo plazo, que deben comenzar hoy. No se puede buscar el desarrollo económico de una sociedad si no se le proporciona primero lo indispensable para desarrollar un trabajo de calidad, que en primera instancia es un bienestar físico elemental (salud) y a continuación una preparación intelectual adecuada. En México parece perderse de vista lo elemental por lo secundario. Este es el caso de la contaminación. Es probable que miles de estudiantes hoy en día no puedan tener un rendimiento académico deseable simplemente por la carencia de una buena salud, a consecuencia tanto de la contaminación, como de una nutrición deficiente. Muchos tampoco pueden rendir plenamente en sus labores y todo esto contribuye a generar más delincuencia y degradación de nuestra sociedad. Salud, educación y trabajo son demandas sociales fundamentales, pero no pueden resolverse de forma aislada están estrechamente relacionados. No permanezcamos pasivos ante el deterioro de la salud que genera en el largo y en el corto plazo la contaminación en la ciudad de México, que hace cien años fuera descrita como “la región más transparente” y es hoy conocida en el mundo entero como una de las zonas más contaminadas del planeta. No podemos esperar a la aparición de vehículos solares o eléctricos, porque es considerado que esto tardará muchos años en generalizarse, ni podemos esperar que agentes externos vengan a darnos la solución. Es un hecho que la salud de millones de usuarios del metro y en general de millones de personas de escasos recursos que por virtud de su trabajo o su desempeño cotidiano están expuestas prolongadamente al influjo de un ambiente tan contaminado, peligra gravemente en el futuro. La calidad de vida se mide en principio por la calidad de nuestra salud, y ello depende fundamentalmente de lo que incorporemos a nuestro organismo. Respirar aire puro e ingerir alimentos saludables son requerimientos fundamentales para recibir una buena formación académica y profesional, para el desarrollo de un trabajo productivo y para tener una vida prospera y feliz. Pensemos que no puede haber desarrollo económico si no hay salud, y no puede haber salud si en un principio no existe un aire saludable que satisfaga plenamente la más fundamental de las necesidades orgánicas que es el respirar. Una inmensa mayoría de ciudadanos del Distrito Federal no sólo están expuestos a una mala calidad del aire, sino también a una nutrición muy deficiente, esto último por la precaria situación económica y por una dislocada cultura nutricional, que jamás ha formado parte del currículo académico de la educación que imparte el Estado. Como podemos ver existe un círculo vicioso que redunda en perjuicio de toda la vida colectiva: Educación inadecuada- contaminación- mala nutrición- salud precaria- baja productividad- escasos ingresos-Educación inadecuada- contaminación.

Resulta obvio que la promoción de la cultura ambiental, por la que se invite a la ciudadanía a preocuparse y demandar las medidas necesarias para contar con un medio ambiente saludable es un punto de partida desde el que se puede comenzar un ciclo virtuoso. ¿Acaso nuestros gobernantes y representantes sostienen un proyecto de nación incapaz de percibir que una gran cantidad de ciudadanos nos encontramos muy expuestos a la contaminación de la ciudad de México padeciendo una gran afectación en nuestra salud cuyos efectos se manifestarán mayormente en un largo plazo? ¿No consideran que las condiciones óptimas para la preservación de nuestra salud sean necesarias para el sano desarrollo de la economía? ¿La contaminación atmosférica de la Ciudad de México no se considera de riesgo potencial para nuestra salud? ¿Nadie ha percibido el estancamiento de partículas y de contaminación dentro de la red subterránea del metro? ¿Acaso no saben que muchos usuarios permanecemos más de una hora diariamente en el interior de la red y que esto en las condiciones actuales es nocivo para la salud? ¿Acaso nuestros gobernantes y representantes no saben lo que significa viajar en metro todos los días más de una hora como lo hacen millones en esta ciudad? ¿Acaso no hay gobernantes que viajen o hayan viajado en metro bajo estas condiciones? ¿O acaso los proyectos de futuro que proponen nuestros políticos no contemplan a esa gran cantidad de ciudadanos usuarios del transporte colectivo expuestos cotidianamente a la gran contaminación de nuestra ciudad, en espera de que sean aniquiladas por producto mismo de este círculo vicioso explicado anteriormente, cuyo alcance y verdadero significado se pretende mantener ignorado? Esta visión ya ha sido planteada por algunos analistas de nuestra sociedad; sin embargo, aunque pensemos que esto es descabellada, en realidad sí podría ser una consecuencia de la desatención al problema de la contaminación en la ciudad de México, y sobre todo podría ser consecuencia de la desatención que padecemos los usuarios del transporte colectivo de esta ciudad, quienes más nos encontramos expuestos a la contaminación. Por elemental cuestión de salud pública debe instalarse un sistema eficiente de purificación y acondicionamiento de aire en los espacios subterráneos del metro paralelamente a todas las demás políticas que se deben implementar para reducir la contaminación del Distrito Federal, más aún si pretendemos considerar la utilización de la red del Metro, cuya funcionalidad es extraordinaria, como una alternativa para disminuir el uso de automotores en la Zona Metropolitana. Es urgente invertir en infraestructura para hacer del metro un medio de transporte saludable y más atractivo, pues al día de hoy tiene una gran funcionalidad y por ello mismo se presenta como alternativa importante para sustituir parcialmente el uso de vehículos de combustión y mejorar con ello la calidad del aire de esta ciudad. *César García Razo. VCA.


Anuncios
Explore posts in the same categories: Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: